En 1581, fue nombrado maestro del coro infantil ("seises") de la Catedral de Valencia. En 1595, se le confiere la dignidad de Canónigo.
Aunque es uno de los compositores más personales y de mayor relieve del siglo XVI, estaría poco menos que olvidado, si el M. Pedrell no le hubiese consagrado un volumen de su antología "Hispaniae Schola Musica Sacra".
Iniciador de la escuela de música valenciana, su creación es una de las más características del siglo XVI español plenamente renacentista y con un fuego y un color típicamente levantinos.