Una de las novedades más interesantes del año pasado fue el flujo constante de excelentes grabaciones publicadas por el sello francés Alpha. Esta última, que nos presenta al músico Philipp Heinrich Erlebach (1657-1714), me recuerda que los críticos seguimos recibiendo todavía nuestras dosis de magníficas sorpresas. Erlebach, nombre escasamente conocido, nació en Esens (Frisia Oriental) y alcanzó sus mayores éxitos como maestro de capilla en la corte de los condes de Schwarzburg-Rudolfstadt. Este disco se centra en sus sonatas para cuerda, oídas en raras ocasiones, y en una serie de arias moralizantes tomadas de una antología titulada Harmonische Freude musicalischer Freunde.
Las arias de Erlebach nos ofrecen intensos cuadros verbales y están salpicadas de pasajes melódicos en ritornello. El barítono Víctor Torres tiene el don de una gran voz y canta las arias apoyándose generosamente en su personalidad y en un impecable sentido musical. Las sonatas para violín, viola da gamba y continuo publicadas en 1649 son igualmente excelentes. Están influenciadas, lo mismo que gran parte de la música alemana de su tiempo, por las escuelas francesa e italiana. Comienzan, de manera típica, con introducciones a tres partes que desembocan en movimientos de danza que sollozan, bailan y cantan sucesivamente: una música reveladora que merece la atención de un público más amplio.
Los jóvenes músicos de Stylus Phantasticus son brillantes y tocan con calor (vaya nuestro reconocimiento para los ingenieros de Alpha por haber captado con tanto realismo el exuberante sonido de las cuerdas) y con un virtuosismo exacto en los pasajes más animados. El continuo se caracteriza por un color vibrante y ofrece el delicado trabajo del arpa de Siobhán Armstrong, la tiorba de Eduardo Egüez y la guitarra y el clave de Dirk Börner. CREIG ZEICHNER