El Cancionero de Uppsala, lugar donde se conserva su único ejemplar conocido, es uno de los más importantes del siglo XVI con repertorio español y portugués, y el único que fue llevado a la imprenta (Venecia, 1556).
Desde siempre el repertorio que contiene dicho cancionero ha sido relacionado con la corte valenciana de los duques de Calabria, don Fernando de Aragón y doña Germana de Foix, pero de ahí no se deriva que la colección como tal existiese en vida de don Fernando, que falleció cinco años antes de que ésta viese la luz. Ello no quita que todas, o al menos la mayoría de sus canciones, figurasen entre las favoritas de los duques y, en general, de los miembros de la nobleza que les rodeaba. Ninguna de ellas desmerece, y todas en general dan fe del buen gusto y refinamiento de una corte cuya capilla musical llegó a alcanzar fama en toda Europa.
Poco o nada de ese refinamiento se hace patente a través de la interpretación que In Canto nos ofrece. En el caso de los villancicos, el principal defecto radica en el tempo rápido, que llega a ser angustiante, escogido para interpretar un repertorio de cámara que necesita saborearse nota a nota, palabra a palabra, al son como máximo de la vihuela y no de una vihuela y una viola da gamba, que juntas emborronan la audición. En el de los dúos instrumentales, que interpretan dos flautas, la falta de brillantez de los ejecutantes, unida a la muy deficiente edición musical de que se sirven, convierte su audición en una experiencia poco gratificante. MARICARMEN GÓMEZ