Este título en SACD es un poco confuso. Los solos para violín que incluye, con y sin acompañamiento instrumental, son obra de algunos compositores que sin duda serán familiares para los lectores de Goldberg, como Castello, Marini (Romanesca), Baltzar, Schop, Brade y Rognoni.
Hay algunas novedades, incluidas las dos sonatas anónimas a partir de las famosas melodías de Ruggiero y Bergamasca y la extensa Fantasia de Etienne Nau, aunque esta última, a pesar de sus indudables exigencias técnicas y de las afirmaciones de Jonathan Talbott, es bastante anodina. El mayor interés de esta grabación, aparte de la gran calidad de las interpretaciones, es la utilización por parte de Jonathan Talbott de un violín renacentista fabricado por Richard Earle a partir de una prolongada investigación en tratados, pinturas y otros documentos fechados alrededor de 1600.
Con cuerdas hechas enteramente con tripa de cordero, tiene otras características que, por desgracia, apenas son visibles en las minúsculas fotografías del libreto, como la curiosa forma del cuerpo y el cuello acabado en un peculiar clavijero enroscado, en lugar de la voluta habitual. Talbott también toca tal como se muestra en la ilustración de cubierta, apoyando el instrumento en el brazo más que en el hombro. Su sonido es una revelación, sereno aunque firme y atiplado de un modo diferente al del violín agudo, si bien capaz del mismo espectro de matices tonales, todos ellos captados con claridad por el preciso sonido SACD.
Talbott ejecuta con destreza las obras más rápidas y ornamentadas, aunque se adapta igualmente bien a las piezas más solemnes, como los magníficos arreglos de Schop del madrigal Nasce la pena mia de Striggio. Los instrumentos acompañantes, todos ellos manejados con pericia, incluyen un órgano, una arpa doble barroca y una tiorba. CHRISTOPHER PRICE