Otro disco acometedor e imaginativo de la serie de Cantigas de Paniagua. Este repertorio es desde luego uno de los más difíciles si se lo considera como un todo, y hay aquí detalles sobre los que Paniagua ha tenido que tomar decisiones generales referentes a la interpretación (como, por ejemplo, el uso de la declamación) para ser consistente y mantenerse dentro de límites de tiempo razonables. En general, las soluciones adoptadas funcionan y proporcionan una variedad de enfoques más que suficiente para mantener el interés (si alguien se decide a escuchar de 60 a 70 minutos ininterrumpidos de cantigas, por supuesto).
El elemento más débil de este disco es sin duda la contribución de las dos voces femeninas, que simplemente carecen de fuerza. Esto está relacionado con el hecho de que estas interpretaciones parece que han sido concebidas fundamentalmente bajo un enfoque instrumental. La parte instrumental, que a menudo muestra una fuerte influencia árabe, es realmente muy buena: escuchen por ejemplo las pistas 2, CSM 293, y 9, CSM 92 (aunque no puedo recomendar los extraños crescendi de tromba marina de la pista 10). Los problemas vienen cuando las voces tienen que pelear con los instrumentos, como en el caso de las pistas 2 y 3. El tenor César Carazo hace suya esta música, posee una bella voz y una claridad en su dicción que sortea a ambas sopranos y al contratenor Luis Vincent. Su interpretación de CSM 217 (pista 7) es especialmente magnífica: cada palabra es comprensible y está cantada con una contagiosa frescura popular. También resalta, esta vez con todo el conjunto vocal, la pista 4, CSM 335, cuya melodía asombra por su hermosura y que hace que el grupo dé lo mejor de sí. En resumen, cualquiera que esté interesado en las Cantigas debe poseer este disco. Nadie ha llegado tan lejos. IVAN MOODY