Invierno de 1604 a 1605: en la corte francesa María de Médicis invita a darse a conocer a un conjunto de cantantes italianos llamado Il Concerto Caccini, o Le donne di Giulio Romano cuando interpretan sólo las mujeres.
Su éxito es enorme. A su cabeza, por supuesto, está Giulio Caccini. Nacido en 1551, es un excepcional tenor que toca también muchos instrumentos.
María de Médicis disfrutó de su talento cuando se casó con el rey Enrique en 1600: Caccini representó en ese momento Il rapimento di Cefalo y colaboró con Peri en su famosa Euridice, que se adelantó por poco a la suya. Caccini era cantante, pero también, lo que en la época era habitual, compositor. Cuando vivía en Florencia era uno de los miembros más activos de la camerata del conde Bardi, en la que entre otros dio los últimos toques al nuevo estilo de canto, la monodia acompañada, el stile recitativo.
Giulio Caccini fue también, y no es la menos importante de sus actividades, profesor, exigente y activo pedagogo. Dar la lista de sus ilustres alumnos sería aburrido.
Uniendo la teoría y la práctica, experimentando en ellos los principios de la declamación y la ornamentación, que expuso por extenso y de modo muy preciso en el prefacio de las Nuove musiche de 1602, Caccini se convirtió, ni más ni menos, que en el heraldo del nuevo estilo vocal barroco. |
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