¿Conocen a Jommelli? Bajo el nombre de este autor napolitano al que las casas discográficas han dedicado recientemente varias grabaciones, se oculta el espíritu de un temperamento dramático fecundo, famoso en vida, cuya sensibilidad de visionario propició una saludable reforma en la ópera seria del siglo XVIII.
Niccolò Jommelli, espíritu cosmopolita y compositor europeo que trabajó para las cortes italianas, alemanas e incluso de la Península Ibérica (en 1774, año de su muerte, entregó Il Trionfo di Clelia, compuesto para Lisboa), un músico tan virtuosista como sintético, asimiló las corrientes más innovadoras de la Europa de la Ilustración con el fin de proponer —como también lo haría Tomaso Traetta— un nuevo drama musical que habría de inspirar a Gluck y Mozart.
Jommelli ha dejado su huella en la imaginación de los escritores. Los elogios literarios que se le dedicaron fueron la causa del inmediato reconocimiento de su genio y, más tarde, de un recuperación de su presencia que ha ayudado a su actual resurrección.
Nicolò Jommelli, admirado por sus iguales, inspirador de los autores más polemistas —como Diderot, según veremos más adelante—, olvidado luego por la memoria de los historiadores, renace en 1830 bajo la pluma de Honoré de Balzac. Para éste, el solo nombre de Jommelli basta, como si se tratara de un hechizo encantador, para suscitar la magia y la fascinación de la ópera. En la novela balzaciana que eligió como marco la Roma de la Ilustración, Jommelli satisface de forma ideal las exigencias de verdad. |
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