| Mientras Palestrina, Lasso y Victoria compusieron música para el culto católico y gozaron de una relativa libertad artística, la polifonía latina del compositor inglés se forjó en circunstancias completamente distintas.
La mayor parte de la música de Byrd data del largo reinado de Isabel I (1558-1603), cuando, tras más de 20 años de agitación religiosa, Inglaterra acabó por establecerse como nación protestante. Cabría esperar que Byrd hubiera centrado su actividad artística en la música para la iglesia reformada, pero su producción escrita nos muestra con claridad que sus planes fueron otros. Las estadísticas resultan reveladoras. Debido a la larga relación de Byrd con la Capilla real y con algunos poderosos patronos, casi la mitad de su afanosa producción está dedicada al entretenimiento profano y cortesano (música para teclado, canciones para consort, madrigales, sonetos, etc.), mientras que el resto es para la iglesia. Byrd compuso ceca de 200 obras latinas (la mayoría de las cuales se conservan en ediciones impresas contemporáneas), además de tres versiones del ordinario de la Misa, en tanto que su música para la iglesia anglicana (de la que en vida del compositor no se imprimió ni una sola nota) suma sólo cuatro Oficios, tres versiones de Preces y Responsos, una letanía breve y en torno a dos docenas de antífonas. En realidad, si se grabara la música que se conserva de Byrd, las obras latinas ocuparían unos 13 o 14 CDs, mientras que nos veríamos en dificultades para llenar 4 discos con el material en inglés. |
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