| Si tuviéramos que imaginar un equivalente femenino del “hombre del Renacimiento”, una persona capaz de sobresalir simultáneamente en diversos terrenos, Élisabeth-Sophie Chéron (1648-1711) satisfaría los requisitos. Los talentos que mostró en artes plásticas, música y literatura fueron recompensados en vida al ser nombrada miembro de dos Academias y recibir, además, de Luis XIV una pensión que coronó sus últimos años. En 1672, tras haber presentado su autorretrato como pieza de ingreso, apadrinada por el pintor Charles Le Brun, recibió el nombramiento para la Académie Royale de Peinture et Sculpture. Aunque no fue la primera mujer admitida en esa Academia (en la década anterior lo habían sido otras tres), tomó parte en la primera oleada de presencia femenina en aquella institución recién creada. Con la publicación en 1694 de su libro de paráfrasis de los salmos, el Essay des pseaumes et cantiques mis en vers, et enrichis de figures, su talento literario llamó la atención de la Accademia dei Ricovrati de Padua, de la que fue nombrada miembro en 1699. Chéron, que recibió el nombre de “Erato”, por el de la musa de la poesía lírica y amorosa, se unió a las filas de las otras ocho “musas” femeninas de dicha Academia, limitadas al número de nueve por dictados del clasicismo. |
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