Antonio Vivaldi, compositor, biografía, discografía
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COMPOSITORES
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COMPOSITORES
Vivaldi, Antonio
COMPOSITORES
ANTONIO VIVALDI


Eclipse y renacimiento

El nombre y el recuerdo de Vivaldi, muerto en Viena en 1741 en la máxima soledad, se borraron enseguida de la memoria de sus contemporáneos. Y, tras haber iluminado la vida musical de Europa durante casi cuatro décadas, su obra se transformó rápidamente en una lejana cola de cometa en el cielo de la música italiana. El presidente De Brosses había profetizado en 1739 esa amnesia colectiva, condenando en sus Cartas familiares a aquella Italia “donde todo es moda” y “donde la música del año pasado está ya fuera de uso”. Las sombras que cubrían a Vivaldi se desvanecieron ligeramente en el siglo XIX gracias a los trabajos de Forkel, que recordaron al veneciano a través de la rehabilitación de Bach, y más tarde, en los albores del siglo XX, con las audaces investigaciones de Arnold Schering. No obstante, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, Vivaldi seguía siendo aquel desconocido al que Fritz Kreisler podía atribuir un pastiche de composición propia sin temer ser descubierto. En este clima de olvido, la destrucción del manuscrito de Pincherle por la artillería alemana constituyó un triste símbolo.

Sin embargo, la conclusión del conflicto mundial iba a señalar el fin de aquel purgatorio. Cuando Wilhelm Altmann publicó en 1922 el primer catálogo de las obras de Vivaldi entonces conocidas, quedó montado el imprevisible escenario que debía llevar al descubrimiento casi milagroso de una parte de la colección personal del compositor. En efecto, entre 1926 y 1930, gracias a tres afortunadas casualidades sucesivas, se encontraron y reunieron en la Biblioteca Nacional de la Universidad de Turín veintisiete volúmenes de manuscritos que habían pertenecido a Vivaldi, que contenían partes de su producción completamente desconocidas. La historia de ese descubrimiento, a caballo entre lo fantástico y la novela policiaca, es ya bien conocida. Comienza en 1926 en un colegio salesiano de Monferrato, cuyo superior hizo tasar y poner a la venta noventa y siete volúmenes polvorientos de manuscritos abandonados en una biblioteca para poder financiar las obras de rehabilitación de los edificios conventuales. El profesor Alberto Gentili, de la biblioteca de Turín, identificó entre ellos catorce volúmenes de manuscritos de Vivaldi procedentes de una colección dividida. Adelantándose a los anticuarios y a los estafadores de todos los pelajes a quienes aquel estruendoso descubrimiento había lanzado tras la pista del resto de la colección, los responsables de la biblioteca turinense, guiados por los genealogistas, lograron identificar seguidamente al propietario de aquella preciosa parte que faltaba en la persona de un viejo y atrabiliario marqués de Génova, que sólo accedió a deshacerse de su colección después de que su confesor particular le hubiera sometido a diplomáticas presiones. La tercera etapa de esta asombrosa resurrección fue la compra de las dos colecciones, realizada por la Biblioteca Nacional de la Universidad de Turín gracias a unas circunstancias patéticas. Dos turineses, el agente de bolsa Roberto Foà y el industrial Filippo Giordano, que habían perdido cada cual a un hijo en edad juvenil y en situaciones dramáticas, decidieron perpetuar su memoria en 1927 y 1930 financiando a la Biblioteca la nueva compra de la colección con los veintisiete volúmenes de Vivaldi, conocidos hoy bajo el nombre de sus dos hijos: las colecciones Mauro Foà y Renzo Giordano.

Esta adquisición reveló al mundo musical que el veneciano, tan gustosamente denostado por los hagiógrafos de Bach, no era el modesto compositor de algunos modelos utilizados por el genial transcriptor, sino que su obra constituía, en realidad, un vasto conjunto que reunía música instrumental y vocal, tanto sacra como profana. Gracias a los manuscritos turineses, los anémicos inventarios establecidos por los pioneros de los estudios vivaldianos se enriquecieron con varios centenares de conciertos de forma e instrumentación variadas, y además con veintidós partituras de ópera, serenatas, cantatas de cámara, partes de misas y vísperas y decenas de salmos y motetes. Una serie de procesos, el reflujo provocado por el fascismo, y más tarde la Segunda Guerra Mundial, frenaron por desgracia la exploración del fondo descubierto. No obstante, en 1939, una memorable Settimana Vivaldi, organizada por la Accademia Chigiana de Siena bajo la dirección artística de Alfredo Casella, celebró la rehabilitación del compositor veneciano, muchas de cuyas obras conocieron con tal motivo su primera interpretación desde su muerte. Entre ellas se hallaban el Stabat Mater y el Gloria que se harían célebres más tarde. Se había puesto en marcha el renacimiento de Vivaldi.

Antonio Vivaldi
El pintor Giovanni Antonio Canal, conocido como Canaletto,vivió y murió en Venecia desde 1697 a 1768. Fue casi contempóraneo de otro artista veneciano: Antonio Vivaldi (1678-1741). La pintura de Canaletto celebra y exalta Venecia, sus canales, su cielo, sus edificios, sus gentes, hasta convertirla en una ciudad mítica.
Canaletto: El Bucentauro en Venecia, Barcelona, Monasterio de Pedralbes, Colección Thyssen-Bornemisza.
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