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Lasso gozaba ya de fama internacional recién cumplidos sus 30 años, y su primera biografía, escrita por Samuel van Quickelberg apareció en la Prosopographia heroum atque illustrium virorum totius Germaniæ (Descripción de los héroes y varones ilustres de toda Alemania), publicada en Basilea en 1566. El escrito fue traducido al alemán en el Teutscher Nation Heldenbuch (Libro de héroes de la nación germánica), editado también en Basilea en 1578). Según la Silva Rhetorica (rheto-ric.byu.edu) de Burton, la prosopographia (del griego prósopon, “rostro” o “persona”) es una “descripción vívida de la cara o el carácter de un individuo”, y tanto la Prosopographia como el Heldenbuch incluyen retratos y textos dedicados a sus personajes. Lasso debió tener, sin lugar a dudas, un carácter muy intenso. Sus compañeros parecen ser párrocos, abades, etc., entunicados y encapuchados, con los rostros discretamente desviados de la mirada del espectador. Lasso, en cambio, aparece vestido a la última moda, con ropas muy entalladas, una gorguera, una o dos cadenas, al parecer, de oro en torno al cuello y un camafeo. Tiene los ojos muy abiertos y da la sensación de estar a punto de hablar. Aunque se halla sólo en la treintena, el límite de sus cabellos ha retrocedido considerablemente (en un gesto caritativo, el artista le ha dado un poco más de pelo que el que tenía, con 28 años, en el retrato de la particela para tenor de las Profecías de la Sibila).
Según la biografía de Quickelberg (muchas de las otras recogidas en el volumen no están firmadas), Orlando di Lasso nació en 1530 en Berga (Mons, en la región de Hainaut, en la actual Bélgica), ingresó en un internado, donde vivió con otros niños de coro, gustó de manera especial por su excelente voz y fue sacado de la escuela en tres ocasiones por personas que pretendían darle un empleo, y devuelto a ella dos veces por sus “diligentes y honrados” padres. La vida de los niños de coro estaba sujeta a ciertos peligros, pues tanto entonces como ahora los músicos y clérigos que los tenían a su cargo podían abusar sexualmente de ellos o maltratarlos. Estudios recientes han eximido de culpa al compositor inglés John Shepherd y atribuido las fechorías que antes deshonraban su nombre —tener encadenado a un niño de coro, cuando el castigo correspondiente a un adulto era verse privado durante una semana del privilegio de la comida principal—, atribuyéndolas a un tal Richard Shepper. Más cerca de su patria chica, Nicolas Gombert, nacido en La Gorgue, en el sur de Flandes, maestro de los niños de la capilla itinerante del emperador Carlos V, fue enviado a galeras por violar a un muchacho destinado al servicio imperial.
En realidad, la tercera vez que Lasso dejó la escuela de los niños de coro, a comienzos de la década de 1540, lo hizo con Ferrante Gonzaga, que conocía a Gombert por haber trabajado junto con él para el emperador —ambos le habían servido desde sus años jóvenes (en la biblioteca Pierpont Morgan de Nueva York se conserva una carta enviada por Gombert a Gonzaga en 1547, tras la condena de aquél a galeras)—. Gonzaga era el hijo menor de la familia ducal de Mantua, un general muy capaz que ocupó, además, el cargo de virrey de Sicilia de 1533 a 1546 y se trasladó a Milán como gobernador en 1546. La voz de Lasso debió de haber cambiado por aquellas fechas (después de seis años al servicio de Gonzaga, cuando rondaba los dieciséis: tarde para lo que se considera normal actualmente, pero habitual en siglos pasados). A los dieciocho años marchó a Nápoles, donde permaneció durante tres con el marqués Della Terza. A continuación se trasladó a Roma para encargarse de las actividades musicales de San Juan de Letrán.
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