|
El primero y principal, la técnica organística de Buxtehude (c. 1637-1707). Este compositor había sido organista de la Marienkirche de dicha ciudad, donde disponía de dos instrumentos dotados de tres manuales. Ambos órganos ofrecían unas posibilidades técnicas con las que el joven Bach no contaba en su ciudad, y sin duda ello estimuló su curiosidad. Es probable, además, que tuviera acceso a algunos manuscritos organísticos de Buxtehude para efectuar una copia. Un seguimiento diario de la labor de su admirado Buxtehude le permitió, por lo demás, obtener un modelo a imitar, un ejemplo de cómo debía proceder un músico de primer nivel. De hecho, las enseñanzas de Buxtehude alcanzaron una notoria fama; seis años antes, Johann Pachelbel, organista de la Sebaldskirche de Núremberg y profesor del hermano mayor de Bach, las alabó con entusiasmo. En el Hexachordum Apollinis, Pachelbel expresó el deseo de que su hijo estudiara con Buxtehude, un anhelo que, efectivamente, se cumplió. Es muy probable que esta aureola de personalidad célebre indujera a Bach a establecer un contacto, no sólo musical, sino también intelectual, con el que fuera el representante más dotado de la escuela del Norte de Alemania.
Sin embargo, el momento elegido para la visita de Bach evidencia otro de sus posibles motivos. Es probable que llegara a Lübeck en noviembre de 1705, justo en el momento en que iban a comenzar los ensayos para la serie de conciertos ofrecidos por Buxtehude antes de Adviento y durante este ciclo litúrgico. Dichos conciertos, conocidos con la denominación de Abendmusiken, eran actos importantes que contaban con el patrocinio de los comerciantes de Lübeck. En ellos solían ofrecerse obras policorales y a menudo intervenían cantantes contratados en Hamburgo. En ese año de 1705, el acontecimiento principal consistió en dos conciertos que se ofrecieron, por un lado, en honor del difunto emperador del Sacro Imperio Romano y, por otro, con ocasión de la elección de su sucesor. Bach asistió probablemente dichos actos, en los que intervinieron coros, trompetistas y timbaleros. Es de notar que estas audiciones incluían la representación de cuadros escénicos que ilustraban los temas tratados en los oratorios.
Ya hemos visto que para una persona procedente de una provincia, caso de Bach, resultaba estimulante el acercamiento a una figura de la talla de Buxtehude. En la Turingia natal de Bach, los organistas solían pertenecer a una clase poco considerada, comparables a los artesanos o a los funcionarios eclesiásticos de poco rango. En la música de iglesia estaban subordinados al cantor, que dirigía el coro y actuaba también como maestro en la escuela aneja. En cambio, en las ciudades del Norte de Alemania, como Hamburgo o Lübeck, los organistas merecían una valoración notablemente más alta. Buxtehude se hallaba por encima del cantor en rango y salario; él, y no el cantor, era quien se encargaba de las celebraciones más importantes, como las Abendmusiken. Una situación similar era la que vivía en la cercana ciudad de Hamburgo otro de los grandes maestros de su tiempo, Johann Adam Reincken, organista de la Katherinekirche y considerado el músico mejor pagado de la ciudad. Éste, incluso, llegó a negarse a ejercer ciertas obligaciones clericales por considerarlas ajenas a su “profesión”. Como es natural, se mantenían algunas costumbres que entroncaban con la situación vivida por los organistas de generaciones precedentes; una de ellas, y delicada, casarse con la hija de su predecesor. Sin embargo, más allá de estas consideraciones, Buxtehude representó para Bach la personificación de un artista capacitado para prosperar social y profesionalmente, y que para ello no se requerían títulos académicos, si no un verdadero virtuosismo en el teclado.
La situación de Buxtehude con respecto a la mayoría de músicos fue privilegiada. En vida, ya se decía de él que era “músico de fama mundial”. Y sin embargo, a pesar de ello, se han conservado pocos documentos que nos proporcionen una idea de su existencia o de su carácter. Antes de llegar a Lübeck había trabajado en las ciudades danesas de Oldesloe y Helsingborg, tras las que inició un periodo de casi cuarenta años transcurridos al frente de la Marienkirche de Lübeck. No hay pruebas de que durante estas décadas viajara más allá de la cercana Hamburgo. Al ser tan escasa la información biográfica, se hace necesario depender del análisis de su producción para conocer mejor los detalles de este relevante nombre del Barroco, que produjo una música dotada de gran imaginación y variedad, caracterizada, además, por la continua búsqueda de la fantasía, por su elaborado contrapunto y su don melódico.
|
|
|
|