En cierto modo, se puede considerar a Christoph Willibald Gluck el primer músico “moderno». Esto es, el primer artista independiente que reivindicó un ideario estético ajeno a los encargos y a las demandas del público.
Esta afirmación, evidentemente, no deja de ser un tanto exagerada, puesto que Gluck nunca fue “independiente» en el sentido literal del término, ya que ganó su sustento siempre bajo un patronazgo.
Sin embargo, no se comprometió con ninguna corte ni se adscribió a un determinado género musical.
Incluso, al final de su vida, se permitió ser selectivo y aceptar únicamente las peticiones que le interesaban.
Pero no son estas condiciones de trabajo las que le hacen meritorio del calificativo de “artista moderno», sino sus ideas, sus decisiones artísticas y el empeño que le llevó a afrontar la famosa “reforma» operística que emprendió en la década de 1760. Pese a lo dicho, debemos matizar algunos aspectos.
Ante todo, se impone discutir el término “reforma”, y específicamente la impronta que ésta dejó en su producción. |
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