| La historia de las implicaciones de la música del pasado relativamente remoto en las del presente es muy extensa. Si se considera sólo el presente siglo, la aparición del “neoclasicismo” proporciona amplio testimonio de ello.
Basta con pensar en la relación de Stravinsky con Bach (Variaciones sobre Von Himmel hoch, Dumbarton Oaks) y Gesualdo (Monumentum), en las Bachianas Brasileiras de Villa Lobos o en la Sinfonía “Clásica” de Prokofiev.
Hay además otras pruebas: la tesis doctoral de Webern sobre Isaac y la influencia de la técnica canónica en su música, los exquisitos arreglos orquestales de Bach de Elgar y la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis de Vaughan Williams.
O la influencia que el comienzo de la “recuperación de la música antigua” ejerció en los compositores modernos: la rehabilitación del clave, por ejemplo, llevó directamente a la composición de una serie de obras para este instrumento, que incluyen los conciertos de Falla, Martin y Poulenc; y el “descubrimiento” de la voz de Alfred Deller (unido a la música de Purcell) produjo un impacto directo en la música de Britten y Tippett, restableciéndose así una tradición perdida que hoy está floreciendo: la voz de contratenor se puede oír tanto en la música contemporánea como en la música antigua. |
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