EL CANTAR DE LOS CANTARES
Como un intermedio musical, donde la esencia del tema es un himno al sol y a la serenidad en un paisaje idílico, el Descanso durante la huida a Egipto (Roma, Galería Doria-Pamphili) es un raro ejemplo en el que Caravaggio utiliza elementos musicales en una composición sagrada. La tela está datada en 1596-1597.
Identificado también por Camiz y Ziino, el texto musical, sostenido por José e interpretado por el ángel violinista, es un motete mariano del flamenco Noël Bauldewijn, inspirado en El cantar de los cantares. Esta elección refuerza el enfoque del autor hacia el tema del Niño dormido y la protección de María.
Himno a la Madre, a su consuelo divino, el cuadro suscita un verdadero sentimiento armónico que impregna nuestra atención. El recurso a un orden musical nunca alcanza en la obra de Caravaggio tal punto de intensidad alusiva.
En el sustrato de esta poesía pictórica, la presencia de la música produce una reconciliación completa: insinúa el pensamiento de los personajes adormecidos, emparentando el tema representado con un “soñar despierto”. El ángel músico y su cómplice José, atril viviente, podrían ser la visión interior de María, visión milagrosa que nos es desvelada mediante la magia de los pinceles del artista.
La plenitud elegíaca que se desprende del cuadro realiza la fusión de las artes que manifiesta la pintura. Poesía, pintura y música concuerdan, y sus funciones afinadas tejen el origen de un deslumbramiento. |
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