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La ciudad de Londres, que vio nacer a Henry Purcell en 1659 (en fecha indeterminada), era en aquel tiempo una capital sumida en un estado de desorden, confusión y efervescencia. Veinte años de dominación de la Commonwealth, el experimento más radical en toda la historia de Inglaterra, habían supuesto la creación de un gobierno inflexible y eficaz que atravesaba sus últimas horas; su situación balbuceante fue fatalmente socavada por la muerte, el año anterior, de Oliver Cromwell, Lord Protector y el único hombre capaz de mantener la austeridad de los puritanos. El sucesor de Cromwell, su hijo Richard, no poseía la habilidad política de su padre y su breve carrera se interrumpió abruptamente el 24 de mayo de 1659, fecha en que fue obligado a abdicar como Protector. Tan sólo un año y un día más tarde, el monarca Estuardo Carlos II desembarcó en Dover, anunciando una nueva era de renovación y dinamismo artístico en Inglaterra.
El efecto de los años del interregno en la vida musical inglesa no fue tan catastrófico como se ha sugerido en ciertas ocasiones, pero ciertamente fue severo. Las arraigadas tradiciones de la música sacra anglicana se vieron convulsionadas, en razón de una intolerancia puritana que sólo permitía una música de gran sencillez; ello ocasionó el desmantelamiento del coro y escuelas catedralicias, así como la imperdonable destrucción sistemática de órganos, entre ellos el de la Abadía de Westminster, cuyos tubos fueron empeñados por borrachos roundheads [N. del T.: apodo que se daba entonces a los puritanos] para comprar cerveza. La fuerte desconfianza que suscitaba el teatro y la censura asfixiaron la actividad dramática y musical, y resulta paradójico que la primera ópera inglesa, The Siege of Rhodes, se estrenase durante este triste período, bien que en la clandestinidad. Igualmente perjudicial fue el aislamiento de una nación volcada en sus desórdenes internos, creándose una suerte de estado de introversión que ocasionó prácticamente la interrupción de los estimulantes intercambios entre los compositores nativos y los del continente.
De los más importantes compositores insulares que nacieron durante el reinado de Carlos I (acaso el monarca inglés de mayor talento artístico), es decir antes de la guerra civil, tan solo Matthew Locke, que frisaba entonces los treinta años, estaba en condiciones de jugar un papel importante en la normalización de la vida musical pública y cortesana del país durante la Restauración. Otros músicos, singularmente Henry Lawes y John Jenkins, disfrutaron de nuevos cargos en la corte, pero su jubilación estaba demasiado próxima como para ejercer una contribución importante; en cuanto a Thomas Tomkins y al hermano de Lawes, el prodigioso talento William Lawes —heroico caballero y trágica víctima del Sitio de Chester en 1645— no sobrevivieron a los años del interregno.
Según el cronista Samuel Pepys, la noticia del regreso de Carlos II ocasionó un “gran alborozo”, y a las efusiones iniciales de las gentes “bebiendo a la salud del Rey, arrodillados en las calles” —lo cual consideraba un “pequeño exceso”— pronto sucedieron empresas más pragmáticas. Las finanzas de la nación estaban en un estado precario: el ejército y la marina no habían cobrado sus salarios durante algún tiempo, y el Rey recién llegado se hubo de enfrentar a las exigencias de indemnización de los agraviados durante los años de Cromwell. No parece que la situación fuera muy propicia para el florecimiento del arte musical; sin embargo, en este particular
—como en tantos otros— el rey Carlos actuó con celeridad, de modo que el 24 de junio Matthew Locke figuraba en la nómina de la corte como compositor de “private musick”, un puesto importante. Un producto temprano de este nuevo empleo de Locke fue una primera serie de obras de cámara subtituladas The Broken Consort (ca. 1661), seis suites de cámara para violines, violas y continuo (de ahí el título “broken”) que resucitaban la tradición contrapuntística del consort inglés, desplegando con frecuencia unas armonías ásperas y mordaces, y ese amor por la disonancia tan característico de los compositores ingleses del siglo XVII.
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