No hay duda de que la devoción hacia la Virgen Dolorosa está sólidamente basada en las Escrituras, pues el Evangelio según San Lucas relata la profecía de Simeón durante su Purificación, cuarenta días después del nacimiento de Cristo. Simeón profetizó que una espada de dolor se clavaría en el alma de la madre del niño. Este acero, que rubrica la imagen inicial del Stabat Mater, sería más tarde imaginado y pintado como siete puñales de aflicción.
El texto del poema ha sido atribuido a varias personalidades del siglo XIII, incluyendo a santos y papas. La atribución más comunmente aceptada es la de Jacopone da Todi, un fraile franciscano que murió en 1306. Pero esto no ha podido demostrarse, de modo que podemos decir que el autor permanece anónimo. El poema es una secuencia que consta de diez pares de estrofas de 3 versos, parecida a la más extensa Dies irae para la misa de Difuntos. En la época en que se escribió, en el siglo XIII, se componían secuencias para cada nueva misa que exigía la aparición de nuevas festividades. La mayoría de estas fiestas eran de observancia local, en función de cada diócesis u orden religiosa que veneraban a sus propios santos. En el siglo XVI el Concilio de Trento restringió el calendario litúrgico en favor de un calendario universal de fiestas. El resultado fue la reducción de las secuencias a cuatro, las destinadas a las misas de Pascua, Pentecostés, Corpus Christi y de Difuntos.
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En la Edad Media, María era considerada afectuosa y amable, una figura humana más accesible que su hijo.
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El texto del poema no ha llegado hasta nosotros sin modificaciones. En su monumental colección de textos Analecta Hymnica Medii Aevi, Guido Maria Dreves identifica infinitas variaciones entre los diversos manuscritos y primeras fuentes impresas. Del mismo modo, tampoco las adaptaciones musicales de que ha sido objeto son fieles al mismo texto de principio a fin. La diferencia más importante se encuentra en la estrofa 10a. En la mayoría de las adaptaciones polifónicas se lee: “Fac me cruce custodiri / Morte Christi præmuniri / Confoveri gratia”. En los modernos libros litúrgicos, una variante de procedencia alemana reza así: “Christe cum sit hinc exire / Da per matrem me venire / ad palmam victoriæ”. Este último texto es claramente inferior en calidad, no solo porque su última palabra ni siquiera rima con la última palabra (“gloria”) de la estrofa 10b, sino porque parece un rezo dirigido a Cristo más que a la Virgen María, alejándose de la fuerza que hasta entonces tiene el poema. Más aún, una tradición inglesa no recogida por Dreves pero objeto de diversas adaptaciones por los compositores del Eton Choirbook es enteramente diferente en la segunda mitad del poema.
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El texto del poema ha sido atribuido a varias personalidades del siglo XIII, incluyendo santos y papas.
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Stabat Mater dolorosa,< br />
juxta crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.
Cujus animam gementem,
contristatam ac dolentem,
pertransivit gladius.
O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta
mater unigeniti!
Quae moerebat et dolebat,
et tremebat dum videbat,
nati poenas inclyti.
Quis est homo qui non fleret,
Christi Matrem si videret
in tanto supplicio!
Quis non posset contristari,
piam matrem contemplari,
dolentem cum filio?
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