Sea cual sea el contexto aparente, cuando Chaucer describe el uso de la música en las grandes festividades, su fuente es la práctica musical que conoce de la corte inglesa y de las cortes que ha visitado en el continente. En la Leyenda de las buenas mujeres, Dido recibe a Eneas en Cartago con una gran fiesta en la que había instrumentos, canciones y una alegría que le recordaba las “salas danzantes” que habían sido suyas en Troya. En la misma obra, en la desdichada boda entre la hermana de Filomena, Proga, y el pérfido Tereo, hay mucha diversión, canciones y danzas; en una boda posterior [ilustración 2], entre la infeliz Hipermnestra y Lino, el palacio de Egisto resuena con el sonido de los ministriles y las canciones nupciales de amor. En el desigual matrimonio en Pravia entre el anciano Enero y la joven Mayo, descrito en el Cuento de los mercaderes, se celebró de nuevo una gran fiesta con una sonora participación de los ministriles en cada uno de los platos. Otra boda italiana, entre el Marqués de Saluzzo y (la desprevenida) Griselda, se planea con “muchos sonidos de diversos instrumentos”. De nuevo en una boda, esta vez entre Constanza y el Rey Ala, en la pagana Northumberland, las festividades incluyen música, aunque Chaucer rehúsa tentadoramente ofrecer más detalles sobre “quien sopla la trompeta o la trompa”. Muy diferente fue la boda de Santa Cecilia que, según el Cuento de la segunda monja, mientras los órganos tocaban, rezaba para que pudiera seguir siendo una doncella.
Ocasiones y costumbres
Las fiestas tienen, invariablemente, un acompañamiento musical. En el Cuento del escudero, en la fiesta para celebrar el vigésimo aniversario del reinado del rey tártaro Cumbinskan, los ministriles se colocan delante de su alta mesa, tocando “deliciosamente”. Cuando se levanta, los ministriles acuden ante él, acompañándolo a su estancia, donde tocan tan bien diversos instrumentos que “es como oír un cielo”; luego siguen las danzas. Teseo, en el Cuento del caballero, organiza un espléndido espectáculo para acompañar las justas que decidirán los destinos de Palamón y Arcita. Aunque Chaucer nos fastidia inicialmente al no hacer “ninguna mención” de los ministriles, las danzas y las canciones de la fiesta, vuelve a referirse en dos ocasiones a las danzas y los ministriles, y de nuevo en dos ocasiones a las trompetas y los clarines, junto con flautas y timbales, que producen “sonidos terribles” en la batalla [ilustración 3]. Finalmente, en una gran fanfarria musical que señala el (momentáneo) triunfo de Palamón, los dos elementos, el cortesano y el militar, se aúnan y oímos simultáneamente “las trompetas, con gran estruendo”. En el Cuento del caballero, la música se utiliza también para desfilar, como cuando Teseo, Gobernador de Atenas, marcha a caballo con todo su ejército “con victoria y con música”. En un nivel muy inferior, en el Prólogo de los Cuentos de Canterbury, oímos al musculoso molinero tocando adecuadamente las gaitas para sacar a los peregrinos de la ciudad.
Muchas otras ocasiones y costumbres requerían su música. Cuando se armaba a un caballero, por ejemplo, tal y como encontramos en la extraña aventura de Sir Thorpas: el futuro guerrero llama a ministriles y bufones para que “cuenten cuentos” (que podían cantarse o recitarse) mientras se prepara para luchar con el gigante Sir Olifante. En el Cuento del caballero, Arcita nos muestra el modo de celebrar el primero de mayo: tras volver a Atenas disfrazado y ascender hasta un alto cargo, en la mañana del primero de mayo va al campo a caballo a coger flores y plantas de mayo; canta en voz alta bajo el sol, “Mayo, con todas tus flores y tu verde...”, tres versos bastante trastabillados en conjunto que constituyen el estribillo de un rondeau. Su canción aparece tildada de roundel unas líneas más abajo, y podemos suponer que acabó de cantar toda la pieza (de trece versos, teóricamente), aunque no se nos ofrece el texto completo.
Tampoco la caza sería completa sin el sonido de las trompas [ilustración 4]: en el Libro de la Duquesa, el montero mayor toca una gran trompa tres veces para iniciar la cacería; anteriormente, se oye a un cazador que prueba su trompa para ver si producía un sonido claro o apagado. También Teseo parte “con caza y trompa”. A un nivel mucho menos majestuoso, los campesinos, cuando persiguen al zorro que ha atrapado al gallito Chantecleer, en el Cuento del capellán de monjas, gritan y chillan y, para aumentar el estruendo, soplan y tocan trompetas (bemes) de latón y de madera de boj, así como trompas de hueso.
Interpretación
El gran interés que Chaucer demostró por la interpretación musical se ve confirmado por algunas descripciones inusualmente perspicaces y detalladas de instrumentos y de la técnica instrumental. Pandaro aconseja a Troilo que modere la expresión de su amor: si el mejor arpista vivo tocara muy fuerte en el arpa de mejor sonido [ilustración 5], con movimientos decididos, utilizando los cinco dedos a la vez, no importa cuán afiladas y puntiagudas sean sus uñas, el resultado dejaría simplemente estupefacto al oyente. El arpa es claramente el instrumento que más atrae a Chaucer, y con razón, porque el arpa de pequeñas dimensiones de los ministriles solían utilizarla cantantes que se acompañaban ellos mismos, y constituía también un elemento básico cuando se formaban pequeños grupos instrumentales.
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