El 29 de noviembre de 1226, en Chartres, Luis IX, de doce años de edad, era proclamado rey y su madre regente de Francia. Pese a ser invitado a la ceremonia Teobaldo no asistió a ella, formando una liga con otros barones de Francia encaminada a destronar a la regente, a la que ellos consideraban una extranjera. Ante la rápida reacción de la reina, Teobaldo decidió cambiar de bando.
Entonces los barones, sintiéndose traicionados, penetraron con su ejército en tierras del conde, que tuvo que ser socorrido al menos en dos ocasiones por doña Blanca. Las Grandes Crónicas de Francia refieren este episodio en los siguientes términos:
En aquella concordia tomó parte la reina Blanca que dijo: 'Por Dios, conde Teobaldo, vos no deberiais ser nuestro contrario. Tendriais que acordaros del favor que os hizo el rey mi hijo, que acudió en vuestra ayuda para socorrer vuestro país y vuestras tierras frente a todos los barones de Francia que querían quemarlas y convertirlas en carbón.' El conde miró a la reina, tan prudente y tan bella que quedó confuso por su gran beldad. [...]
De allí partió todo pensativo, y se acordaba a menudo de la dulce mirada de la reina y de su bella compostura. Entonces penetró en su corazón un pensamiento dulce y amoroso. Pero cuando se acordaba de que se trataba de una dama tan importante y de vida tan buena y limpia que nunca podría ser suya, su dulce pensamiento amoroso se transformaba en gran pesar.
Y dado que pensamientos profundos engendran melancolía, algunos hombres sabios le aconsejaron que se aplicase a los bellos sonidos de la viola y a los dulces y placenteros cantos. Así es como compuso [...] las canciones más bellas, placenteras y melodiosas que jamás se oyeron cantar o interpretar a la viola. Y las hizo escribir en su salón de Provins y en el de Troyes, y son conocidas como las canciones del rey de Navarra.
Conde de Champaña y rey de Navarra
La crítica especializada no ve razón alguna que permita suponer que Blanca de Castilla fuese la dama a la que se dirigen las canciones de Teobaldo, teniendo en cuenta, además, que éste probablemente ya llevaba tiempo cultivando el arte trovadoresco cuando tuvo lugar el acto de reconciliación entre él y la casa real. Lo más probable es que el pasaje de las Crónicas tenga, en lo que se refiere a los motivos que impulsaron a Teobaldo a convertirse en trovero, tintes legendarios, comparables a los de muchas de las conocidas Vidas de los trovadores. Lo que si es cierto, sin embargo, es que al menos en el castillo de Provins Teobaldo hizo reproducir en sus paredes algunas de sus canciones, que aún eran visibles en 1750, según un testigo ocular.
Tras enviudar en 1231, el conde casó al año siguiente con Margarita, hija de Archimbaldo de Borbón, vasallo de la regente, en lugar de hacerlo con la hija del duque de Bretaña; ello fue motivo de nuevos enfrentamientos con los barones de la liga, que encontraron la forma de provocarle propiciando el viaje a Francia de su prima Alicia, reina de Chipre, que pretendía tener ciertos derechos sobre el condado de Champaña. El problema se resolvió con la entrega de una fuerte suma de dinero, que Teobaldo obtuvo mediante el traspaso de sus dominios de Blois, Chartres, Sancerre y Châteaudun al directo vasallaje del rey de Francia. Apenas la cuestión había quedado zanjada cuando en 1234 se convirtió en rey de Navarra, sucediendo a su tío materno Sancho el Fuerte. Entonces Teobaldo, que vió que contaba de nuevo con liquidez en sus arcas, intentó recomprar al monarca francés los derechos sobre las tierras que le había cedido. No lo consiguió, y derrotado y humillado se retiró a Pamplona, donde permaneció durante dos años.
El trovador Sordel, en un planto compuesto a la muerte de Blacatz (1236), alude a este episodio, ofreciendo a Teobaldo un trozo del corazón del difunto por si podía servir para darle ánimos:
et apres vuelh del cor don hom al rey navar,
que valia mais coms que reys, so aug comtar;
totz, es quan Dieus fai home en gran ricor poiar,
pus sofracha de cor lo fai de pretz bayssar.
[y luego quiero que se de parte de su corazón al rey navarro,
que según oí contar valía más de conde que de rey;
es una lástima que, cuando Dios hace que un hombre ascienda a gran poder,
luego la falta de corazón lo haga des cender de mérito.]
|
|
|
|