“El clavicordio, ese instrumento íntimo, melancólico y de indecible dulzura, tiene ciertas ventajas sobre el clave y el pianoforte cuando su constructor es un maestro en la profesión.
No sólo produce colorido musical, sino suaves gradaciones, notas que crecen y se desvanecen, trinos que se funden y respiran apenas bajo los dedos, portamentos y vibratos.
En una palabra: es un instrumento idóneo para la expresión y transmisión de cualquier matiz emocional. Todo esto puede ser reproducido y obtenido por la presión del dedo, la vibración y la pulsación de las cuerdas y mediante un toque vigoroso o delicado.
Quienes no se sienten atraídos por los estrépitos, los arrebatos o las tormentas, y aquellos cuyo corazón suele encontrar gustoso el sosiego en la efusión de sentimientos dulces dejarán de lado el clave y elegirán el clavicordio. (…)
Cuando improviséis a la luz de la luna, cuando en las noches de verano aliviéis vuestra alma del calor o cuando celebréis los atardeceres primaverales, ¡no echéis de menos el estridente clave! Ved cómo vuestro clavicordio alienta con la misma delicadeza que vuestro corazón”. |
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