|
En el siglo XVIII eran habituales los grandilocuentes elogios al clavicordio, como el de este pasaje del poeta y músico alemán C. F. Daniel Schubart. El clavicordio alcanzó su apogeo en cuanto a repertorio y popularidad en la Alemania de la segunda mitad del siglo XVIII, con compositores como C. P. E. Bach y los "bachianos" que le sucedieron, pero no era, ni mucho menos, un instrumento nuevo. Existía desde hacía varios siglos, y hasta la invención del fortepiano florentino a finales del siglo XVII fue el único instrumento de tecla sensible al toque. Al igual que los pianos de Cristofori, el clavicordio permitía variar la intensidad sonora recurriendo únicamente a la presión de los dedos. Su sonido sosegado y extraordinariamente variado se asemejaba, según se decía, a la voz humana y hacía del clavicordio el "espejo perfecto para reflejar los delicados matices del sentimiento", "el confidente conmovedor de la soledad".
Los clavicordios suelen montarse en una caja rectangular. Sus cuerdas corren de izquierda a derecha a lo largo de la caja y pasan por encima de uno o varios puentes que descansan sobre la tabla armónica. El mecanismo se sitúa, por lo general, a la izquierda o en el centro del instrumento e incluye el teclado y las palancas, que van desde las teclas hasta casi la parte posterior de la caja, según el modelo. En la parte posterior de cada palanca va inserta una lámina de bronce llamada tangente. Cuando el dedo del instrumentista presiona la tecla, el extremo de la palanca se alza y hace que la tangente percuta una o dos cuerdas, que comienzan a vibrar. El clavicordio es, pues, como el piano, un instrumento de percusión y por ello se diferencia del clave, cuyas cuerdas son pulsadas. Al golpear las cuerdas, la tangente cumple dos funciones: no sólo hace que vibren, sino que, además, fija su longitud de vibración "de manera muy similar a como un guitarrista determina la altura del sonido de la cuerda al presionarla contra uno de los trastes del mástil de su instrumento. Por consiguiente, al colocar las tangentes de modo que golpeen el mismo orden de cuerdas en distintos puntos de su longitud se puede hacer que suenen diferentes notas". Los instrumentos más antiguos, en los que un par de cuerdas producían varias notas, eran conocidos como clavicordios ligados. Los no ligados, o libres, en los que cada par de cuerdas produce una única nota, fueron más comunes a partir de finales del siglo XVII. El hecho de que la tangente esté en contacto directo con las cuerdas mientras dura la nota significa que el intérprete puede variar la altura del sonido incrementando o reduciendo la presión sobre la tecla, lo que da lugar a una "prolongación sutil" del tono conocida como Bebung (literalmente, "estremecimiento"). La capacidad para producir este vibrato es una de las "características más elogiadas" del clavicordio. Sin embargo, las indicaciones de Bebung en las partituras musicales son escasas; se trata de un efecto especial que debe utilizarse con moderación.
|
|
|
|