El descubrimiento de Mitjana resultó ser una pieza fundamental del engranaje que constituye la Historia de la Música española, y en particular de aquella cuyo texto va en lengua vernácula, puesto que de otra forma nuestro conocimiento del repertorio cancioneril musicado que circuló por España entre el primer y segundo tercio del siglo XVI se limitaría prácticamente al que dan los vihuelistas en sus ediciones y a la obra de Juan Vásquez, recogida en dos volúmenes: los Villancicos y canciones (Osuna, 1551) y la Recopilación de Sonetos y villancicos (Sevilla, 1560).
A diferencia de lo que suele ser habitual en los impresos musicales del Renacimiento, el Cancionero de Uppsala carece de prólogo y dedicatoria, lo cual dificulta en extremo el conocimiento de las circunstancias que concurrieron en su proceso de recopilación, máxime teniendo en cuenta que todo el repertorio que transmite figura como anónimo, a excepción del villancico Dezilde al cavallero atribuido al compositor flamenco Nicolás Gombert; éste sirvió en la capilla del emperador Carlos V entre 1526 y 1540, primero como cantor y luego como maestro de los escolares. Ni que decir tiene que el nombre del recopilador del Cancionero permanece en el anonimato, como ocurre con los manuscritos de contenido similar de fines de la Edad Media y principios del Renacimiento, por lo que cabe la posibilidad de que él fuese en su origen uno de ellos.
En total el Cancionero de Uppsala contiene cincuenta y cinco villancicos musicados, ordenados en función de su número de voces y su temática. El texto de la mayoría está en español, aunque también los hay en catalán –cuatro en total– y en portugués –tan sólo dos–. En primer lugar aparecen doce villancicos que son a dos voces, seguidos de otros doce a tres voces y doce más a cuatro voces (son trece en realidad, porque el último se desdobla en dos), todos de temática amorosa. Vienen a continuación doce villancicos dedicados a la Navidad, los diez primeros a cuatro voces y los restantes a tres voces, y finalmente seis villancicos a cinco voces que de nuevo cantan al amor y el desamor. A continuación, y a modo de apéndice, se dan ocho tonos de canto llano y otros ocho de canto de órgano, en ambos casos ordenados del primer al octavo tono.
Hay tres piezas en el Cancionero que se repiten dos veces aunque en versiones distintas, Dime robadora y No soy yo quien veis vivir, que primero se dan a dos voces y luego a tres, y Falalalán, falalalera, un villancico a cuatro voces de tema pastoril que se adapta para solista y coro cambiándole el texto, ahora dedicado a la Virgen. De Falalalán, falalalera existe otra versión idéntica a la de Uppsala, sólo que con el texto “a lo divino”, en el llamado Cancionero de Gandía (Valencia), un manuscrito de notables dimensiones que actualmente forma parte de los fondos de la Biblioteca de Catalunya, en Barcelona (M1166/M1967). Este manuscrito, que antes de la Guerra civil española estuvo depositado en la colegiata de Gandía –de ahí su nombre–, es el único del que existen pruebas fehacientes que lo relacionan con la riquísima biblioteca musical de la capilla de don Fernando de Aragón, duque de Calabria y virrey de Valencia (1526-1550), a cuyo servicio consta que estuvo Bartolomé Cárceres.
Resulta que Cárceres, según el Cancionero de Gandía, es el autor no sólo de Falalalán, falalalera, sino también de al menos otro de los villancicos del Cancionero de Uppsala, Soleta yo só açí, que trata del eterno tema de la malcasada; de nuevo en este caso en el de Gandía la pieza se da con el texto cambiado “a lo divino” y además con un estribillo añadido por Juan Cepa, el que fuera el último de los maestros de capilla del duque de Calabria. Si a ésto le añadimos que un manuscrito de la catedral de Tarazona da una versión adaptada para dos coros alternantes, a 3 y 5 voces, de uno de los villancicos navideños de Uppsala, Señores, el qu’es nacido, versión atribuida a Pedro de Pastrana, el primero de los maestros de capilla del duque, habrá que concluir que el repertorio del Cancionero de Uppsala, en todo o en parte, directa o indirectamente, tuvo que tener algún tipo de relación con el entorno de don Fernando de Aragón.
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En total el Cancionero de Uppsala contiene cincuenta y cinco villancicos musicados, ordenados en función de su número de voces y su temática. El texto de la mayoría está en español, aunque también los hay en catalán –cuatro en total– y en portugués –tan sólo dos–.
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