Anno Domini 1274. Un humilde carro de ruedas chirriantes cruza por entre el fango de un camino vuelto barrizal. Sevilla está aún lejana y el frío llega hasta los huesos.
Lleva las riendas Giraut Riquier, de profesión juglar, nacido en Narbona, en el sur de Francia.
Su viaje tiene un único objeto: presentar una súplica ante el rey de Castilla y León, Alfonso x el Sabio.
Tratemos de imaginar sus pensamientos: "Mala tempora currunt. En poco se tiene al juglar, se le confunde no ya con el noble trovador, sino con el saltimbanqui y el adiestrador de monos. Hay que poner las cosas en claro. Hasta los vulgares bufones son tenidos por hábiles tañedores de vihuela y refinados declamadores de versos. La juglaría es sin embargo arte antiguo y respetado". |
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