Así describía José II en 1793 el panorama artístico en Italia el año en que Martín compuso la última de sus óperas serias: “...No hay ni siquiera espectáculos de ninguna clase que atraigan a uno a venir a Italia; la ópera y la música instrumental, cantantes y bailarines son todos peor que mediocres. [...] El palacio [en Milán] es bello y cómodo; la ópera, mala; el ballet, largo y bastante mediocre.”
Antes de dejar la península italiana, Martín creó cuatro obras cómicas, en una primera etapa dedicada a éste género que se superpone a las últimas óperas serias.
A sus dos postreros encargos para Nápoles –la acción teatral cómica L’amore geloso (1782) y el dramma giocoso La vedova spiritosa (1785)–, se suman otras dos estrenadas en la meca de la ópera bufa, el teatro San Samuele de Venecia.
La primera, In amor ci vuol destrezza (1782), junto al libretista Carlo Giuseppe Lanfranchi-Rossi, fue interpretada en el papel principal por la prestigiosa soprano Rachele d’Orta.
Se sumó en 1784 Le burle per amore con libreto de otro gran especialista buffo, Marcello Bernardini.
Estas dos solicitudes, acaso por intervención del embajador austríaco en Venecia, el conde Durazzo, fueron claves para propiciar en 1785 el paso definitivo del músico a la capital del imperio austro-húngaro e iniciar allí su período de madurez. |
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