El silencio no es el reverso de la música.
Ésta se compone, se interpreta, se escucha y se valora tan sólo en el silencio.
Observar unos violines representados plásticamente en posición de descanso nos permitirá establecer una comparación, descabellada en apariencia, entre lo abstracto pictórico en el siglo XX y lo abstracto musical en el barroco, contribuyendo así al inagotable proceso de reflexión sobre el sentido último de reinterpretar la música antigua y de cómo y por qué hacerlo. |
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