Los instrumentos musicales nacen, se desarrollan y evolucionan no por azar o de manera arbitraria, sino en función del cometido para el que han sido concebidos. Son, al fin y al cabo, “instrumentos”.
Los cambios que inciden en la percepción del sonido de un instrumento dependen del trabajo de los constructores, sin duda, pero las modificaciones que éstos introducen, a su vez, se ven estimuladas en primer lugar por el gusto musical de cada sociedad.
De este modo, el declive progresivo del laúd o el rechazo de la viola da gamba en favor del violoncelo son resultado de una demanda de instrumentos más sonoros, que surge de una nueva forma de interpretar la música ante auditorios cada vez más amplios.
Estas transformaciones reflejan igualmente cambios artísticos –como la búsqueda de registros sonoros más contundentes o la inclusión de los instrumentos en conjuntos u orquestas más grandes– los cuales, a su vez, generan nuevos desarrollos estéticos. |
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