Un órgano para interpretar a Bach
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Un órgano para interpretar a Bach
ENSAYOS
UN ÓRGANO PARA INTERPRETAR A BACH
No hay duda de que, con sus más de 200 piezas, la producción de Bach para órgano es una de las de mayor importancia que un compositor haya dedicado nunca a este instrumento e incluye admirables obras maestras desde un punto de vista tanto formal como técnico, poético o expresivo. Sus piezas, paso obligado en cualquier estudio organístico serio, contienen lo esencial de las principales dificultades técnicas que es necesario dominar, mientras que muchas de ellas son modelos de escritura. La paradoja de la fórmula ingenua y caricaturesca utilizada por Dufourcq para situar a Bach en la historia de la música para órgano reside, no obstante, en que, en vez de aclarar lo que constituye el interés crítico de esa obra, logra más bien desdibujar las pistas. Su manera de abordarla arroja una especie de cortina de humo sobre la evolución del instrumento y los estilos, induce a creer que, al fijarse otros fines y distintos medios, cualquier escuela oganística independiente de la tradición germánica de Bach marchaba necesariamente sin rumbo, y, en última instancia, impide reflexionar serenamente sobre la auténtica aportación del propio Bach. En definitiva, hace imposible captar la especificidad del órgano de Bach al fomentar una concepción general del instrumento en perjuicio de un análisis más sutil de las variantes nacionales.

La adulación prodigada a la música de Bach no es cosa de siempre. Resulta interesante volver a leer, al respecto, los comentarios del Dr. Burney, célebre musicólogo inglés del siglo XVIII, acerca del compositor alemán. En una diatriba contra la fuga, considerada por él una forma superada, artificial y pedante, Burney escribe:

Los propios términos de “canon” y “fuga” implican coacción y esfuerzo. Händel fue, sin duda, el único gran fuguista exento de pedantería. Sólo en raras ocasiones trataba motivos pobres o toscos; sus temas eran siempre naturales y agradables. Sebastian Bach, en cambio, desdeñaba la facilidad, como lo había hecho en pintura Miguel Ángel, hasta el punto de que su genio no se rebajaba nunca a tratar asuntos sencillos o graciosos. Jamás he visto una fuga de este sabio y poderoso compositor construida sobre un motivo natural y cantante, ni tan siquiera un pasaje sencillo y evidente que no aparezca recargado de acompañamientos difíciles y carentes de elegancia.

Habían transcurrido treinta años desde la muerte de Bach y el gusto musical no era ya el mismo. Aunque Burney reconocía en él a un compositor “sabio y poderoso” es evidente que no se sentía fascinado por su complejo estilo barroco, y para él el “gran” Bach no era Johann Sebastian sino su hijo Carl Philipp Emmanuel. Al margen del estilo de Johann Sebastian Bach, lo que no goza del favor del cronista inglés es la propia concepción del órgano en la tradición germánica. Durante su viaje a Alemania y los Países Bajos con el fin de recabar documentación para su General History of Music, Charles Burney se extrañó, efectivamente, al ver a los organistas de esos países tocar en grandes instrumentos y ejecutar voces complejas con el pedalero. Burney esboza con cierta ironía el siguiente cuadro:

[M. Binder, organista de la capilla del Elector] tocó tres o cuatro fugas con gran plenitud y majestuosidad empleando abundantemente los pedales. En realidad, no me pareció dotado de mucha inventiva, aunque lo cierto es que el estilo de ejecución alemán no se presta nunca a exhibirla. El empleo del pedalero de esos descomunales instrumentos por el organista mientras utiliza de lleno las manos en sus teclados pesados y rígidos es un trabajo muy laborioso […] Cuando acabó, [el señor Binder] sudaba con tanta violencia, debido a la fatiga y el esfuerzo, como si hubiera cubierto una distancia de ocho o diez millas corriendo a toda velocidad a través de campos labrados y en plena canícula.

El gusto es, pues, relativo. Pero no hay duda de que el “redescubrimiento” de la música de Bach desde los primeros años del siglo XIX, gracias sobre todo a Mendelssohn, influyó considerablemente en la construcción de órganos en Europa. Una vez descubiertas las obras maestras del organista alemán era necesario poder ejecutarlas en cualquier parte. La mayoría de los instrumentos construidos por otras escuelas de organeros se fueron transformando poco a poco a partir de ese momento para adaptarlos a las exigencias de aquella música concreta, sobre todo montando pedaleros “a la alemana” donde no existían. No obstante, la idea que se tenía de los órganos utilizados por el propio Bach era a veces bastante fantasiosa y aproximativa.

Un órgano para interpretar a Bach
Órgano del coro oeste de la Iglesia St Marien. 1713. Halle, Alemania
Discografía
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