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El estudio esencial sobre los orígenes del instrumento es la obra The Early History of the Viol de Ian Woodfield, publicada por Cambridge University Press en 1984. Woodfield acopió una rica iconografía que constituye una gran parte de la información que poseemos sobre las dimensiones y diseño de esas violas antiguas, pues son pocas las conservadas de fecha anterior a 1550, aproximadamente. Sus investigaciones recogen información sobre los conjuntos de violas y los conjuntos mixtos. Actualmente, los músicos siguen explorando el probable repertorio para dichos conjuntos. Algunas grabaciones recientes muestran cuáles eran los sonidos que ofrecían dichos instrumentos a los compositores y oyentes de las cortes italianas.
Woodfield nos cuenta que la viola, denominada en castellano vihuela de arco, aparece representada por primera vez por artistas de la ciudad y la provincia de Valencia, de lengua catalana, así como de las islas de Mallorca y Cerdeña, que tenían estrechos vínculos culturales con Valencia. El antepasado con arco de la viola valenciana parece haber sido el rabab medieval, de origen árabe. La primera representación de una viola corresponde a una pintura fechada hacia 1473, mientras que otras se remontan hacia 1485 y 1510, más o menos. Estas violas difieren considerablemente unas de otras, así como de las violas posteriores, y comparten muchos rasgos con la vihuela de mano, su pariente punteado semejante a una guitarra. Algunas tienen mástiles largos y escotaduras estrechas; otras, mástiles cortos y escotaduras anchas. A finales del siglo XV y hasta bien entrado el XVI experimentó una evolución morfológica hasta encontrar su forma definitiva. El número de cuerdas varió mucho a lo largo de su historia temprana y osciló entre tres, en algunos instrumentos, y el más habitual de cinco o seis. Las representaciones de mayor antigüedad muestran las cuerdas muy juntas entre sí y fijadas a una barra plana encolada a la tabla armónica; como en la guitarra, pasan directamente hasta el cordal sin un puente curvo. Todas las cuerdas sonaban normalmente con un golpe de arco, de modo que sólo la cuerda superior podía tocar melodías mientras las demás hacían la función de bordones. La mayor parte de los pintores representó la posición de la viola en vertical mientras se tañía; el músico, sentado, sujetaba el instrumento entre las piernas o en el regazo. El arco solía sostenerse con la “palma hacia arriba”, en una posición diferente de la “palma hacia adentro” propia de los violinistas.
En 1455, Alonso Borja, obispo de Valencia, fue elegido papa con el nombre de Calixto III y con él fueron a la corte papal de Roma muchos compatriotas suyos. Poco antes de morir, en 1458, nombró obispo de Valencia a su sobrino Rodrigo Borgia, quien permaneció en Roma un largo periodo y no volvió a Valencia hasta 1472, en una visita de gran pompa. Pero ya en 1492 fue elegido papa con el nombre de Alejandro VI gracias al apoyo del cardenal Ascanio Sforza de Milán y falleció en 1505. El reverendísimo monseñor Ascanio envió músicos españoles a una celebración que festejaba el nacimiento de un heredero del duque Ludovico Sforza de Milán, e Isabel de Este requirió su presencia en Ferrara. El Pinturicchio pintó la viola en las estancias vaticanas de los Borgia; también se pueden ver representaciones del instrumento en otras ciudades de los Estados papales, por ejemplo en el fresco de Luca Signorelli de la catedral de Orvieto, y en el de Timoteo Viti en Urbino.
Es de señalar que la corte ducal de Hércules de Este, en Ferrara, experimentó una fuerte influencia española tras los estudios realizados por el duque en Nápoles tras la conquista aragonesa. Más tarde, se casó con Leonor de Aragón. Para estrechar más los lazos, el papa Alejandro VI dispuso el matrimonio de su hija Lucrecia con Alfonso de Este, heredero de Hércules, unión que consolidó los vínculos de Ferrara con los Borgia. Así, la viola siguió aquellos pasos, según podemos observar en pinturas que se conservan en Ferrara y Mantua y se cuentan entre las primeras en representar este instrumento en Italia. Sabemos que en 1499 Alfonso encargó en Venecia cinco “viole d’archo”, pues tenía la intención de aprender a tocarlas.
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