Antes de avanzar, corresponde formular una aclaración que incluye la definición de hispano-judío, diferente del término más familiar de judeo-español. El primero de los conceptos hace referencia a la época anterior al Decreto de Expulsión de los judíos del 31 de marzo de 1492, mientras que judeo-español es el patrimonio cultural de la diáspora sefardí posterior a dicha fecha, incluida la lengua djudeo-español, conocida entre los judíos del imperio otomano como judezmo o ladino y como haketía entre los judíos de origen marroquí, variante del español antiguo que se empezó a desarrollar en el siglo XIV en tierras castellanas.
Allí donde fueran (Marruecos o el antiguo imperio otomano, es decir, la Turquía, Grecia, Bulgaria, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Serbia-Montenegro actuales), los judíos expulsados de España preservaron durante siglos gran parte de su acervo andalusí. Junto con su liturgia y poemas para-litúrgicos en hebreo, llevaron a su exilio un enorme tesoro de romances, coplas, cantigas y endechas en djudeo-español, que conformarían el repertorio sefardí que ha llegado a nuestros días animado con melodías populares de los países que habitaron a partir de entonces. Aunque, pese a la leyenda y el empeño de algunos músicos y estudiosos, es bastante poco probable que dichas melodías conserven músicas anteriores a la Expulsión, es decir, de la Edad Media española.
Los pasos de la investigación musical
El estudio de la música judía medieval se enfrenta a una problemática común a otras músicas antiguas: la falta de registros fiables ya que, incluso en el Occidente cristiano la notación musical estaba en sus primeras fases de desarrollo y, por ende, la mayor parte de las referencias al quehacer musical deben buscarse en fuentes literarias, filosóficas, teológicas y demás. Aunque también contamos con el acervo musical andalusí conservado por medio de la tradición oral, es fácil entender que éste ha estado indefectiblemente expuesto a las variaciones, modificaciones y transformaciones típicas de la preservación del patrimonio musical por este método.
Como en otras ramas de la investigación musical, la opinión de los académicos (musicólogos, historiadores, hebraístas) suele enfrentarse dialécticamente con la de los músicos que intentan revivir aquellas experiencias sonoras en sus conciertos. La intención en ambos casos es sana, y siempre con el empeño por depurar los elementos que han contaminado (como no podría ser de otro modo) la teoría y la práctica de estas músicas en más de un milenio de conservación y en situaciones tan comprometedoras como las que el pueblo judío ha vivido en esos y otros tiempos.
En cuanto a la música hispano-judía, afortunadamente, contamos con abundantes y diversas fuentes de información indirecta, que nos proporcionan tanto autores judíos que escriben en hebreo, arameo, árabe o español antiguo, como las referencias al quehacer sonoro de las juderías en la pluma de autores árabes y cristianos que convivieron con ellos. Para entender mejor los datos aportados, tendremos que explicitar los procesos propios de la cultura musical judía en general y la información histórica sobre la presencia judía en tierras peninsulares.
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