| Uno de los más brillantes clavecinistas actuales, el holandés Bob van Asperen, inaugura las entrevistas a fondo de Goldberg: conversaciones que trascienden lo musical y que incluyen, además, el cuestionario Proust. Ambrosio Lacosta conversó con Bob van Asperen en el Pirineo aragonés el pasado mes de agosto.
La biografía oficial dice que este holandés alto y flaco nació en Amsterdam en 1947, estudió con Gustav Leonhardt y es profesor de clave en el Conservatorio Sweelinck de aquella ciudad. En realidad este hombre es el resultado de una singular mezcla de temperamento meridional y discreción holandesa. Histrión voluntarioso, desbordante de vitalidad, tierno y amable, despliega una curiosidad sin límite. De un humor vivaz y a veces corrosivo, este amante de las tapas y del arte románico no profesa la misma admiración a las corridas de toros, ya que su ternura hacia el género vacuno, que muestra de manera muy expresiva, se lo impide.
Nadie imaginaría viéndolo tan relajado y feliz que se trata de uno de los mejores clavecinistas. Los siguientes días serán numerosos los lugares que recorramos juntos, en medio de su entusiasmo creciente: San Juan de la Peña, Santa Cruz de la Serós, Huesca, Castillo de Loarre, Los Mallos de Riglos... Como en el verano de 1996, refleja su asombro inagotable en su libreta de viajero antiguo, en la que va trazando los itinerarios de su memoria y donde se instala el rastro de los enigmas y símbolos que habitan en capiteles y frescos.
En 1996 Bob van Asperen dirigió en este admirable Festival en el Camino de Santiago a la Orquesta Barroca de la Unión Europea. Ahora el Festival le trae de nuevo para un concierto de clavecín, con obras de Johann Sebastian Bach. En ese contexto prodigioso e itinerante de naturaleza y música, con un francés improvisado y urgente pero vivo, he tomado, sin el trastorno de las grabadoras, las notas que siguen, que son sólo pálido reflejo de lo que el lenguaje no puede expresar. |
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