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Además de mucho amor a la música todos han reconocido en usted una gran voluntad.
Si, ciertamente, esa ha sido una de mis características más notables. Cuando comencé a dar clases en el Conservatorio, con la profesora de canto, a ella le encantó mi voz y puso mucho interés en mi formación. Yo era una persona muy tenaz, muy consciente del trabajo, del estudio. Estaba siempre en el Conservatorio. Si faltaba una alumna allí estaba yo. Si estaba dando clase otra alumna también estaba allí, sentada, escuchando.
Llega un momento en su vida, cuando se presenta a los primeros concursos, cuando empieza a pensar que quizá pueda tener un futuro en el mundo de la opera, en el que se propone luchar por algo.¿Qué es lo que le motiva, lo que le hace en ese momento luchar por su futuro?
Soy una cantante vocacional. Desde que era muy pequeña mi voz me surgió muy fácilmente. Creo que lo que ocurrió fue todo una sucesión de cosas, de circunstancias. Cuando terminé mi carrera profesional en el Conservatorio estaba trabajando ya en una guardería infantil. Porque a la vez había estudiado también Puericultura. Trabajaba para poder pagarme mi estancia en Pamplona porque realmente mis padres no podían, no tenían medios para hacerlo. Entonces me planteé el dilema de seguir en Pamplona toda la vida o dar el paso de gigante. Mi idea, mi meta en aquel momento, era ir a Alemania. No consideraba la posibilidad de ir a Italia. Mi profesora era germánica y me había conducido por ese repertorio alemán. En el Conservatorio teníamos una educación más germánica que italiana. Estudiábamos a Bach, Mozart estaba por todos los sitios. Entonces dí el paso y decidí marcharme. Muchas veces me dice la gente que he hecho una carrera muy rápida. En la música y en el canto no se hacen carreras rápidas. Se hacen poco a poco, como yo la hice, con mucho tiento, con muchos años de estudio y trabajo. Solamente comencé a cantar profesionalmente en teatros cuando gané el Concurso Belvedère en Viena (1988). Es ahí cuando se me abrieron las puertas a nivel internacional. En aquel momento seguía estudiando en Alemania.
Las puertas de los teatros se le abrieron muy pronto. Y en este mundo de la ópera parece que todos necesitan padrinos, al menos para empezar.
Afortunadamente yo no he necesitado de los padrinos. Teresa (Berganza) naturalmente me ha apoyado, pero me ha apoyado en la manera que ella podía hacerlo, hablando bien de mi. Ella me decía, yo no puedo hacer más, no tengo ninguna fuerza ni ningún poder. Teresa me abrió también las puertas de su agencia y fue la primera agencia con la que yo hice una audición y me representó. Para mi en esos momentos era muy importante, porque que una persona de su categoría hablara bien de mi y me apoyase era maravilloso. Teresa tenía y tiene una gran credibilidad porque ha tenido una carrera ejemplar. Así que no he necesitado padrinos. Con mi voz y, por decirlo de alguna manera, mi talento he salido adelante. ¿Por qué se me abrieron esas puertas? Yo creo que iba muy bien preparada. Mi carrera en realidad había comenzado mucho antes, estuve diez años estudiando. Se sentaron bien las bases. Creo que iba muy bien preparada técnicamente. Y eso ayuda mucho. Cuando gané el Belvedère tenía una voz asentada, unas bases muy sólidas y eso ayudó a que estos teatros me abrieran las puertas. Y quizás también contribuyó el que mi timbre de voz era un timbre especial, con una personalidad propia y eso es también muy importante.
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