|
Comencemos por hablar de su faceta de investigador. Porque usted no habría podido abordar su trabajo musical sin realizar antes una interesante tarea de recuperación musical.
En mi trabajo de investigador jamás voy a buscar una partitura directamente, sino que intento analizar la mayor cantidad de material posible. He leído mucha música en los archivos, he pasado horas y horas estudiando manuscritos y cada vez que he elegido una partitura fue porque me ha parecido especialmente valiosa. No tengo en cuenta otros factores como los aniversarios o que sean compositores de tal o cual región, sino que mi criterio fue y es el de la calidad artística. No me interesa la música sólo porque sea de Zaragoza o Aragón; mi elección responde al valor de la música en sí misma.
Y en esta doble faceta de investigador y músico, ¿de qué parte se decanta?.
No soy un musicólogo; hago sí un trabajo de investigación y de acceso a las fuentes, tarea que me obliga a realizar otros trabajos. Muchos intérpretes de hoy en día, los más serios, tienen esta actitud musicológica, es decir una postura científica y erudita hacia la música, cada vez más alejado de la imagen del virtuoso que sólo se acerca técnicamente a la partitura “terminada” con un único y exclusivo interés. Yo, en cambio, necesito conocer los elementos que están alrededor de las notas.
El contexto social y artístico, la iconografía y hasta los colores de los personajes son para mí tan importantes como la partitura. En definitiva, musicólogo he sido porque no he tenido más remedio, pero no es mi vocación.
Quiere decir que ha realizado directamente este trabajo musicológico porque no ha encontrado quien se lo hiciera.
Cuando comencé hace quince años, no. Ahora puede que lo haya, pero estoy acostumbrado a esta forma de trabajar y tengo ya una dinámica muy personal. En mi carrera prácticamente no he colaborado con musicólogos sino que las investigaciones y trascripciones las he hecho yo mismo. Tengo la impresión de que todavía falta gente que valore de una forma seria estas partituras. Se profundiza sobre aspectos que poseen muy poco interés musical, dando “palos de ciego”. Lo que escasea son musicólogos que investiguen sobre temas adyacentes pero directamente ligados a la música, como la instrumentación, el bajo contínuo o la afinación.
Parece sentirse muy cercano al lenguaje del arte español del XVIII
En relación a este tema hay que aclarar algo fundamental. Cuando se habla de música española del XVIII inmediatamente se remarca la influencia italiana; en cambio cuando se habla de Händel, no tanto. Si hay un autor influido por las técnicas italianas ese es Händel. Es lógico decir que Lliteres tiene influencia italiana, pero ¿quién no tiene influencia italiana en el siglo XVIII en Europa?
Pero no considera que esta influencia sea algo negativo
De ninguna manera. Con el mismo criterio hasta se podría desmerecer a Bach por haber tenido influencia italiana. Un aria de Lliteres, por ejemplo, no se parece en nada a un aria de Alessandro Scarlatti, su más directo contemporáneo. Las características son muy personales y propias. El estilo imperante en el siglo XVIII en España es una mezcla entre el estilo español con el francés y el italiano; no se puede reducir simplemente a un estilo nacional.
|
|
|
|