En otros tiempos no me atreví a contarlo entre los poetas épicos; para mí era sólo el primer autor grotesco. Pero, al releerlo, me pareció tan sublime como agradable, por lo que le ofrezco humildemente un desagravio. Es muy cierto que el papa León X publicó una bula a favor del Orlando furioso y excomulgó a quienes hablaran mal de este poema. No quiero exponerme a ser excomulgado.
Voltaire, Diccionario filosófico, artículo Epopeya
Casi dos siglos y medio separan estas líneas de Voltaire de la publicación de la tercera y última versión del Orlando furioso de Ludovico Ariosto, realizada en Ferrara en 1532.
Durante ese tiempo, la obra había adquirido fama universal y se había impuesto como un monumento fundamental de la literatura de Occidente, hasta el punto de que el exigente maestro de Ferney pudo escribir acerca de ella: “La novela de Ariosto es tan plena y variada, tan fecunda en todo tipo de bellezas, que en más de una ocasión me ha sucedido que, tras haberla leído entera, no he tenido otro deseo que volver a iniciar su lectura”.
Voltaire, el burlón despectivo, no dudaba en inclinarse ante “esa obra prodigiosa” que ponía por encima del Quijote y a la altura de la Iliada y la Odisea. |
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