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Estos hallazgos se producen en una circunstancia oportuna. Tienen lugar, efectivamente, en el momento mismo en que la producción de Vivaldi, reducida desde hacía tiempo a unas obras señeras, es explorada en su rica diversidad por una nueva generación de intérpretes, editores e investigadores entusiastas que, como es natural, harán suyos los nuevos fondos. Ya se ha grabado el Nisi Dominus de Dresde. Por su parte, Rinaldo Alessandrini se dispone a dirigir las arias de La costanza trionfante. Y varios músicos concurren presurosos hacia la partitura de Montezuma...
Mientras esperamos descubrir estas obras en disco y en concierto, el profesor Michael Talbot, especialista en Vivaldi, responde a nuestras preguntas sobre el contenido de esos fondos nuevos y las circunstancias de su hallazgo.
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Los años 2002 y 2003 han sido venturosos para el patrimonio vivaldiano, con el descubrimiento de varias obras desconocidas. Comencemos por el nuevo Nisi Dominus, recién identificado por usted entre los manuscritos de la Biblioteca Estatal de Dresde. ¿Cómo se produjo el descubrimiento?
A finales de abril de 2003, Janice Stockigt, musicóloga australiana que se encontraba examinando todas las obras atribuidas a Galuppi conservadas en Dresde, me envió un correo electrónico en el que mencionaba de pasada una curiosa composición que contenía partes obligadas para viola de amor, chalumeau (“salmò”) y trompeta marina. Le parecía –¡y sin duda tenía razón!– que aquellos instrumentos pertenecían a una época anterior a la de Galuppi, y se preguntaba si yo tenía alguna opinión al respecto. Me di cuenta enseguida de que aquella obra debía de proceder de la pluma de Vivaldi. En Venecia (salmò es un término del dialecto veneciano), sólo el Ospedale della Pietà podía utilizar instrumentos tan poco corrientes (por “trompeta marina” se entiende el violino in tromba marina, es decir, un violín “a la manera de una trompeta marina”), ¡y Vivaldi era el única capaz de servirse de todos a la vez! Además, faltaba aún uno de los cinco salmos que había vendido a la Pietà en 1739 –uno de los cuales (el Beatus vir RV 795, atribuido igualmente a Galuppi) había sido hallado ya en la misma biblioteca de Dresde–. Todos los indicios eran, pues, favorables. Al cabo de unos días recibí de Ines Burde, musicóloga alemana, los incipits de ocho movimientos del salmo, que me parecieron muy vivaldianos. Al llegarme el microfilme, reconocí enseguida la mano del copista veneciano Iseppo Baldan, quien había copiado igualmente la partitura de RV 795 y que desde hace mucho tiempo goza entre los musicólogos de una sólida reputación como falsificador de «paternidades».
¿De qué criterios se sirvió para refutar la paternidad de Galuppi y atribuir esa obra a Vivaldi de forma indiscutible?
Ya he mencionado algunos de los criterios de carácter más o menos externo. Como es natural, había que examinar muy de cerca la propia partitura para hallar en ella elementos estilísticos compatibles con Vivaldi y no con Galuppi. En realidad, es difícil confundir a estos dos compositores. Si comparamos los Confitebor tibi Domine a tres voces e instrumentos de arco compuestos hacia 1733 por ambos músicos, el viejo Vivaldi y el joven Galuppi, nos daremos cuenta desde el primer compás que, a pesar de todos sus esfuerzos por “modernizar” su estilo, el primero pertenece a la época barroca, mientras que el segundo anuncia claramente el estilo clásico.
¿Cuáles son las principales características de este segundo Nisi Dominus vivaldiano?
Quien conozca ya los demás salmos y el Magnificat del ciclo de 1739, junto con los conciertos compuestos el año siguiente para la visita del príncipe de Sajonia, no encontrará nada que le pueda extrañar. El compositor que aparece en escena es el Vivaldi “galante” más que el contrapuntista. Pero la utilización de tres voces solistas (soprano y dos contraltos) sin coro y una selección de cinco instrumentos obligados, nada menos (viola de amor, chalumeau tenor, violín in tromba marina, violonchelo y órgano), confiere a esta composición un brillo y un virtuosismo incomparables dentro de la producción vivaldiana (a excepción, por supuesto, del oratorio Juditha triumphans).
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