| Encontrarse con Carlos Mena en su casa de Vitoria (España) es una tarea complicada. Aun cuando él mismo reconoce que, en los últimos meses, ha rebajado el ritmo de sus compromisos y actuaciones, su agenda sigue repleta de conciertos por todo el mundo.
Es, en este momento, uno de los embajadores, una de las imágenes más nítidas de la proyección de la música española en el mundo y, a la vez, un espejo en el que se miran no pocos jóvenes deseosos de abrirse un camino profesional en el ámbito de la música antigua.
Ésta imagen del joven abriéndose camino no es tan lejana en la biografía del propio Mena, quien en 1992, después de una formación básica en su Vitoria natal, emprendió la aventura, como tantos otros, y marchó a Suiza, a la Schola Cantorum Basiliensis, auténtica “Meca” para cuantos desean adquirir una especialización en el repertorio histórico.
Richard Levitt, René Jacobs, Dominique Vellard, Nicolau de Figueiredo, Carlos Harmuch, Jessica Flow o Emma Kirkby fueron algunos de los profesores de este joven ávido de conocimientos, que no estudió únicamente canto, sino también interpretación, teatro y cuantas materias consideraba que enriquecían su formación. |
|
|
|