El cancionero de Ludovico Milliare (recopilado en 1502 en Mantua, probablemente en el entorno de Isabel) da cuenta de esa diversidad. Se trata de una colección de muestras muy representativas de los gustos musicales de la familia Este en el que conviven el estilo borgoñón, la tradición italoflamenca, asumida por los músicos del norte (Josquin, Isaac) y, por supuesto, el despertar de la identidad de los frottolistas, sin menoscabo para el celo piadoso de unas piezas sacras destinadas a la devoción privada.
El grupo londinense Musica Antiqua se encuentra cómodo en ese exuberante decorado acústico y mantiene siempre una buena relación con la flexible voz mezzosoprano de Clare Wilkinson, cuando no se entrega a la interpretación de transcripciones para instrumentos solos en las que destaca un consort de violas expertas (debemos decir que el director Philip Throby prefiere soluciones en las que se combinan felizmente la voz solista y los instrumentos en los esquemas polifónicos tradicionales). Una voz nativa italiana habría acotado, quizá, con precisión aún mayor el sueño musical de Isabel. Concluiré diciendo que quienes adquieran esta evocación colorista no habrán hecho una compra inútil, sino todo lo contrario. ROGER TELLART